1 ene. 2012

Dos mil doce

En Shanghai ya han entrado en el 2012. Aquí, en España, todavía nos quedan unas pocas horas.

Durante este año pasado han ocurrido muchas cosas. Demasiadas cosas. Tantas, que incluso nos ha sido materialmente imposible sacar tiempo para describirlas con palabras en este blog. Ha sido un año repleto de retos, de cambios, de aventuras, incertidumbres y desafíos. Un año muy intenso. Un año que, psicológicamente, ha parecido que duraba muchísimo más que 365 días. 

En unas horas entraremos en otro nuevo número. 2012. 

Y antes de que eso suceda, nos gustaría dar las gracias, como siempre, a la gente. A nuestra gente. A nuestros amigos y a nuestras familias.

A aquellos que nunca han dejado de enviarnos sus sonrisas, sobrevolando medio mundo a través de montañas, valles, desiertos, mares y océanos. A aquellos que jamás han dejado de estar junto a nosotros, a pesar de los casi 11.000 km de distancia que separan nuestros corazones. A aquellos amigos que cada noche nos mandan contenedores llenos de ilusión y de fuerza para seguir adelante. Vosotros ya lo sabéis, porque os lo hemos dicho muchas veces, pero nunca está de más decirlo de nuevo: Sois nuestra vida.

Y también queremos, como no, dar las gracias a todas esas nuevas personas que hemos ido conociendo a lo largo de este viaje que iniciamos hace unos cuantos meses. A aquellos que han transformado las dificultades en caminos de rosas. A aquellos que han conseguido convertir nuestros miedos en sonrisas. A todos aquellos que han conseguido que nos sintamos como en casa, a pesar de estar tan jodidamente lejos de casa.

Nunca nos cansaremos de repetirlo: Gracias. 

Y recuerden: Sigan estando en la brecha. Sigan vivos por dentro y por fuera. Sigan siempre sonriendo. No dejen jamás de ilusionarse ni de emocionarse. No tengan miedo a nada. Y sigan tirando siempre para adelante.

Feliz 2012

1 comentario :

Kureka dijo...

Feliz 2012 niños! Estoy segura de que os traerá todo lo mejor, vamos, lo que mereceis. Un abrazo enorme desde el congelado SH. ¡Qué ganas de veros!

Mónica