5 ago. 2012

15 recetas para los arquitectos que han decidido emigrar

Antes de comenzar este artículo nos gustaría hacer una matización: Emigrar fuera de España nos parece una opción más, pero no la única. La cosa está cada vez peor y con el paso del tiempo nos parece más difícil encontrar alternativas, pero cada persona tiene que encontrar su propio camino y estamos seguros que existen otras muchas sendas posibles. A pesar de esto hay que ser realistas y no se puede dar la espalda al hecho de que muchos profesionales (entre ellos, muchos arquitectos) están tomando la decisión de emigrar y probar suerte en otros países. Este éxodo masivo de profesionales supone, en nuestra opinión y formando parte de ese amplio grupo de expatriados, un auténtico drama cuyas consecuencias no queremos (ni podemos) imaginar.

Nosotros nos fuimos de España hace ahora un año y medio. No lo hicimos por necesidad. Lo hicimos porque queríamos probar la experiencia de trabajar en el extranjero para adquirir experiencia internacional y experimentar otras maneras de trabajar. De hecho, llevábamos varios años hablando de hacer las maletas pero, por diferentes razones, nunca nos habíamos animado a dar el paso. Evidentemente la situación del país fue el combustible que nos hacía falta para lanzarnos ya que, a pesar de que ambos teníamos trabajo, vimos que el tema podía llegar a ponerse verdaderamente feo en un futuro próximo, como lamentablemente ha acabado ocurriendo.

El caso es que nos ha parecido adecuado dejar por escrito un listado de las recetas que a nosotros nos ayudaron bastante a la hora de dar un paso así, por si alguna de ellas le pudiera servir a los arquitectos que estén pensando en emigrar fuera de España a buscarse la vida sin un contrato laboral previo.

Muchas de ellas no sólo parecen obvias, sino que lo son. Pero es precisamente en lo que se da por sentado donde se acaban cometiendo los mayores errores. No pretendemos dar consejos ni establecer ningún dogma. La única intención de este listado de quince puntos es compartir con vosotros unas actitudes que, en nuestro caso particular, funcionaron. Si a alguno de vosotros os ayuda en algo aunque sea tan sólo uno de ellos, habrá merecido la pena escribirlo.


1. Anticípate. Asume riesgos. No huyas, jamás. 

Sabemos que esto no es, en muchos casos, una opción posible. Como ya hemos dicho antes, cada caso concreto es un mundo y cada persona tiene que actuar en función a sus circunstancias personales. Pero estamos convencidos de algo: La actitud mental con la que uno emprende la aventura de emigrar a otro país es algo determinante a la hora de conseguir cumplir satisfactoriamente unos objetivos. 

Emigrar no debería ser “la última opción que tengo”. Uno no puede marcharse de un país a buscarse la vida lejos de su casa y de su gente llevando en la cabeza la presión de saber que no lo está haciendo por voluntad propia sino obligado por las circunstancias. Nada de lo que uno haga debería ser el último recurso y nunca deberíamos pensar que estamos quemando el último cartucho. Esto supone una presión psicológica tan grande que puede llevar a tomar decisiones muy equivocadas.

Somos conscientes de que llevar a cabo este punto es muy difícil, pero la única solución que se nos ocurre para evitar esto (si es que uno está todavía a tiempo de hacerlo) parte de dos supuestos: Capacidad de anticipación y capacidad de asumir un gran riesgo por voluntad propia. 

Si en este momento tienes trabajo pero te invade una sensación de que todo pende de un hilo cada vez más fino, no hay que ser ningún experto analista para saber que probablemente en unos meses algo acabe fallando y de la noche a la mañana todo se vaya al garete. Lo importante es tratar de no llegar a este límite. Tantea la situación con tus jefes siendo honesto y sincero. Pregúntales todo lo que te quite el sueño y hablad claramente para evitar sorpresas. Y en caso de que tengas la corazonada de que las cosas pueden fallar a corto o medio plazo, toma una decisión drástica. Esto es, probablemente, una de las cosas más difíciles que uno puede llegar a hacer. Y lo decimos por experiencia propia.

Si puedes anticiparte, hazlo. Si ya has decidido que emigrar fuera está dentro de tus opciones, no esperes al último momento y trata de empezar a organizarlo antes de que las circunstancias te obliguen a hacerlo como única salida, ya que esto determinará la actitud con la que emprendes el viaje. Intenta que emigrar no se convierta únicamente en una huída.

2. Analiza qué país encaja mejor con tu perfil profesional. 

Infórmate y estudia exhaustivamente cada caso concreto antes de elegir el país destino. La manera de trabajar y el tipo de demanda profesional son completamente diferentes en función de cada país y cada continente así que conviene elegir correctamente antes de lanzarse a la aventura. Trata de averiguar qué país se ajusta mejor a tu perfil profesional y en cuál puedes encajar mejor. Hay tantos factores distintos y personales en este punto que no podemos entrar a detallarlos todos, pero creemos que cada uno ya sabe qué tipo de perfil tiene y puede intuir en qué país podrá encontrar no sólo más, sino también mejores ofertas laborales.

3. Piensa dónde te gustaría vivir.

Tal y como están las cosas tampoco es que estemos como para andar eligiendo en qué país nos gustaría vivir, pero os aseguro que es muy importante elegir un destino en el que creas que vas a sentirte cómodo. Por mucho trabajo que haya en el país que elijas, jamás conseguirás adaptarte al día a día si no encuentras tu sitio dentro del estilo de vida local. 

Hablando del caso concreto de China, hay mucha gente aquí que no disfruta de su día a día y vive totalmente amargada a pesar de tener un buen trabajo, porque ni le gusta el país, ni la gente, ni es capaz de adaptarse a las costumbres, ni encaja en el estilo de vida. En nuestra opinión, vivir así es un tremendo error por mucho que uno tenga trabajo estable. Emigrar no es sólo una cuestión laboral o económica y si lo reducimos a eso acabaremos no sacando partido de ninguna experiencia vivida. 

Dentro de las opciones que tengas en función de tu perfil profesional, trata de elegir un destino que te llame la atención y en el que sepas que vas a poder disfrutar a nivel personal. Intenta evitar aquellos destinos que no te atraigan o los que intuyas que no te van a aportar experiencias personales positivas. Si eres afortunado y tienes la oportunidad de elegir, trata de hacerlo de una manera constructiva. No te conviertas en el típico expatriado que odia a muerte el país en el que vive. Será muy bueno para ti mismo y, cómo no, para todas las personas que te rodean.

4. Valida o legaliza tus títulos, diplomas y certificados académicos.

Al igual que fuera de tu país no eres nadie sin el pasaporte en regla, tampoco lo eres de cara a una empresa si no tienes perfectamente legalizados todos y cada uno de los títulos que tengas en tu haber. Cada destino exige una serie de validaciones y es vital asegurarse de que disponemos de las certificaciones adecuadas si no queremos tener problemas a la hora de firmar un contrato o poder obtener la visa de trabajo. Títulos universitarios, másters, diplomas, certificados de idiomas, acreditaciones, licencias y cualquier documento de este tipo que poseas, deberá contar con el sello correspondiente que exijan en cada país para certificar su autenticidad. En caso de no disponer de la legalización necesaria todo esto no será más que papel mojado. No servirá para nada. Acude al Departamento de Relaciones Internacionales de tu Universidad y al Ministerio de Educación para informarte de cada caso concreto y para que te asesoren de los pasos a seguir. 

Avisamos de antemano que este trámite resulta largo y bastante farragoso, así que nuestra recomendación es hacerlo con tiempo suficiente y no esperar al último momento.

5. Infórmate de los visados, permisos de trabajo y permisos de residencia.

Este es un tema crucial que seguramente determinará de manera definitiva el destino que acabemos eligiendo. Ya no es una cuestión de “a qué país me gustaría emigrar” sino “a qué país me dejan emigrar”, y os aseguro que con este dato la lista se puede llegar a reducir considerablemente.

Este quizá sea el punto más complicado de todos a la hora de salir de España. Día tras día, todos los países endurecen más y más la posibilidad de emigrar sin trabajo a probar suerte allí, y también cada día resulta más complicado que las empresas se presten a realizar entrevistas vía Skype a candidatos que no estén residiendo en el país en cuestión (al menos esto es lo que nos ocurrió a nosotros). La combinación de estos dos factores hace que, en un gran número de casos, la única posibilidad para salir fuera se reduzca a países de la Unión Europea. Y tal y como están las cosas en Europa a día de hoy no parece que esto sea una solución. 

Además, viendo como funciona el mundo no nos extrañaría que, si la situación se descontrola demasiado, acaben también prohibiendo o limitando la libre circulación de personas dentro del territorio de la Unión Europea. Suena a ciencia-ficción, ¿verdad? Pues ahora pensad en todas esas cosas que hace unos pocos años creíamos imposibles y están ocurriendo, y llegaréis a nuestra misma conclusión. 

El tema de los visados es algo que nos indigna y no os podéis imaginar cuánto. Llevan muchos años transformando el mundo en una ratonera sin salida, condenando a millones de seres humanos a no poder escapar de la miseria, la guerra o el hambre. Antes esto era un problema que afectaba sobre todo a países del Tercer Mundo pero ha llegado el momento en que nos ha comenzado a tocar (de otra manera mucho menos dramática por supuesto) directamente a nosotros. Y lamentablemente es sólo ahora cuando muchos empiezan a ser conscientes de la magnitud del problema. Con la crisis mundial y la migración masiva de cientos de miles de personas a otros países, las políticas de visado e inmigración se están endureciendo hasta límites exagerados y la situación va a ponerse todavía más complicada en los próximos años. 

Este es un tema peliagudo del que poco más podemos hablar, ya que la situación se complica a un ritmo exponencial con el paso del tiempo y las condiciones cambian constantemente y de manera muy distinta en cada país. Eso sí, como pasa con todo en este mundo absurdo que estamos creando, si tienes mucho dinero no habrá ningún problema porque los visados se “compran” sin ningún tipo de pudor. A mayor permiso de residencia, más dinero pagas. Cuanto más dinero tengas, mejor bienvenido serás. Lástima que las personas que tienen tantísimo dinero como para poder solucionar todos estos trámites imposibles a golpe de talonario, generalmente no son las que tienen necesidad de emigrar para poder comer. Una verdadera pena.

6. Establece un período mínimo de estancia y cuenta con un colchón económico suficiente. 

Al igual que nadie emprende un viaje sin fondos en el banco por si ocurre algún imprevisto, nadie debería iniciar una aventura de este tipo sin tener una mínima garantía de supervivencia. No estamos hablando de grandes cantidades de dinero, pero hay que contar con un colchón a corto plazo si queremos evitar sorpresas o disgustos. Una buena táctica es fijar una estancia mínima y hacer un cálculo aproximado del dinero que necesitamos en caso de que la búsqueda de trabajo se alargue más de lo esperado. Este tiempo de prueba debería oscilar entre 1 y 4 meses en función del destino. No es lo mismo mover toda nuestra vida a un país europeo que hacerlo a China o Australia. Además de la distancia, cada destino tiene un nivel de vida muy diferente que probablemente condicione el período de estancia mínima establecido.

En el caso concreto de China, nosotros acordamos un tiempo de prueba no inferior a 4 meses e hicimos el cálculo base en función a ese tiempo. Evidentemente nadie sabe a ciencia cierta lo que valen las cosas en otro país, pero hay que realizar hipótesis de cálculo mensual con los gastos más relevantes (piso, comidas, transporte) y añadir al resultado un porcentaje de seguridad al alza para corregir los gastos inesperados con los que no hayamos contado a priori.

En resumen: No merece la pena arriesgar tanto como para plantarse en un país con 1000 euros en la cuenta bancaria, porque eso hará que acabemos tomando decisiones equivocadas debido a la presión de ver cómo nos quedamos sin posibilidad de alargar la estancia. 

7. Las prisas no son buenas. 

Este apartado está totalmente relacionado con el tema de los tiempos mínimos de permanencia o prueba que hemos explicado en el punto anterior. Cuando el nivel de desesperación o ansiedad aumenta a infinito, las posibilidades de éxito se reducen drásticamente a cero. Uno no puede llegar a una entrevista de trabajo con la presión psicológica de pensar que necesita empezar a trabajar cuanto antes a costa de lo que sea, porque aunque tratemos de no dar esa sensación, esas cosas se sienten y las ofertas que podemos obtener serán mucho peores. Uno tiene que tomarse su tiempo y el querer ir más deprisa sólo tendrá como consecuencia un arrepentimiento garantizado a corto plazo. 

Evidentemente, nadie está hablando de tomarse 4 meses para ir haciendo entrevistas tranquilamente con toda la calma del mundo. Lo que estamos queriendo decir es que, dentro del timing con el que cuente cada persona, hay que tomarse un tiempo prudencial para poder valorar en conjunto una serie de ofertas, negociarlas sin la presión de alguien que tiene mucha urgencia por aceptar lo primero que le ofrezcan y valorar cuál de las opciones que tenemos sobre la mesa es la que más nos conviene. 

Una actitud desesperada nos hará adoptar medidas desesperadas, más influidos por el ansia que por el buen criterio. Y esto, en nuestra opinión, a la larga hace que uno se arrepienta de no haber hecho las cosas de otra forma.

Si has decidido dar un paso tan importante como trasladar toda tu vida al otro extremo del mundo, ¿no parece lógico tomarse un período para conocer en profundidad el estado del mercado laboral en ese país (in situ) y poder elegir así la mejor manera de entrar en el? No olvidemos que cuando uno emigra (sobre todo a países tan diferentes como China) es como si partiese de un punto cero. Y eso, nos pongamos como nos pongamos, requiere un tiempo.

Nosotros, por ejemplo, decidimos inscribirnos en una universidad para estudiar chino. Nos pareció una buena manera de aprovechar el tiempo durante ese período de adaptación y búsqueda de trabajo. Al final, y en contra del plan inicial, pospusimos la búsqueda de trabajo hasta después de finalizar el curso de chino ya que teníamos ahorrado lo suficiente como para poder estar unos meses sin trabajar y aprender algo de chino se convirtió en una necesidad de primera categoría. Durante ese tiempo, además de aprender algo (poquito, pero como decimos, muy necesario) del idioma, también conocimos a mucha gente. Por supuesto, aprovechamos para ubicarnos en la ciudad y conocerla a fondo. Todo esto, en nuestro caso, resultó ser crucial para la búsqueda de trabajo. Nos ayudaron mucho los consejos que nos dieron y el contraste de las distintas visiones y opiniones de cada uno de los “veteranos” que conocimos, así que cuando comenzamos a realizar entrevistas de trabajo no íbamos con la actitud del recién llegado sino con la confianza de alguien que, a pesar de no haber trabajado anteriormente en China, está perfectamente ubicado en el nuevo campo de batalla. 

Al igual que en puntos anteriores, nos gustaría matizar que esto depende de cada caso concreto y de las condiciones particulares de cada uno. Estamos tratando de dar un punto de vista general pero cada persona tendrá que adaptar sus tiempos a su caso personal.

8. Adecúa tu CV a la oferta del país destino.

El planteamiento del currículum y del portfolio puede determinar el éxito o fracaso de nuestra búsqueda de trabajo en el extranjero. Esto, al igual que otros muchos apartados que estamos comentando, puede parecer una obviedad, pero queremos incidir en ello ya que no deja de ser uno de los puntos clave que conviene tener presente. 

A la hora de buscar trabajo en un país que no es el nuestro, no basta únicamente con tener un buen currículum o un portfolio muy completo, sino que tenemos que conocer en profundidad cuál es la mejor manera de presentarlo y en qué puntos tenemos que centrar la atención. Un buen portfolio en España puede carecer de interés para una empresa en China, Estados Unidos o Australia. Tenemos que estudiar minuciosamente cuál es la mejor manera de organizar nuestra carta de presentación en función de las demandas del país al que vayamos. Hay que saber qué cosas son imprescindibles, las que deberían ser secundarias y cuáles carecen de interés. 

Tenemos que decir que, en el caso particular de China, prácticamente nadie acierta a la primera con la manera de presentar y redactar el currículum y el portfolio. A nosotros nos pasó en su día (y tuvimos que rehacerlo por completo) y hoy, cuando hablamos con algún recién llegado (independientemente de su experiencia o de la calidad de su CV), vemos que todo el mundo incide en los mismos errores. Es muy complejo explicar aquí cómo se debe plantear un CV en el caso concreto de China y creemos que es más adecuado desarrollarlo en un artículo independiente.

Si tienes la posibilidad de enterarte de cómo se debe plantear el CV antes de emprender el viaje, perfecto. Habrás ganado mucho tiempo y te ahorrarás bastantes quebraderos de cabeza. Pero si no lo sabes con exactitud, lo mejor es que lleves contigo todos los datos necesarios para poder rehacerlo correctamente en destino, cuando hayas consultado con varios “veteranos” cuál es el enfoque más adecuado a ese país.

9. Elige bien el momento para dar el paso. 

Este punto no es ni de lejos uno de los más importantes, pero tener en cuenta el momento que elegimos para emigrar a otro país puede determinar, en algunas ocasiones, el éxito de nuestra aventura. Un ejemplo: Venir a China en fechas próximas al Año Nuevo Chino es un error que puede perjudicarnos gravemente y hacernos perder tiempo y dinero de manera innecesaria. El Año Nuevo Chino suele oscilar entre Enero y Febrero y durante esa semana (y casi con toda probabilidad también varias semanas anteriores) se paraliza cualquier tipo de actividad en el país. No hay ofertas de trabajo ni posibilidad de concertar entrevista alguna. No hay actividad inmobiliaria y es prácticamente imposible encontrar un piso de alquiler. No hay posibilidad de inscribirse en academias, universidades o cursos de ningún tipo. Todo está parado. Es uno de los mayores éxodos anuales que ocurren en el mundo, con más de 300 millones de personas desplazándose a sus ciudades de origen para pasar esas fechas con sus familias. Es un absoluto error emigrar a China sin tener en cuenta el momento, ya que situaciones como estas pueden hacer que perdamos varias semanas en comenzar realmente a poder comenzar la búsqueda de un trabajo o de un piso de alquiler.

10. Trata de actuar siempre con sentido común.

Vas a tener que tomar muchas decisiones en muy poco tiempo. A veces acertarás y otras fallarás estrepitosamente pero no pasa nada porque al fin y al cabo casi todo tiene solución en esta vida. Lo que importa realmente no es fallar o acertar, sino intentar ir tomando decisiones con criterio y con sentido común. Esto que, como muchos otros puntos, parece una obviedad, no lo es tanto cuando llega el momento. No olvidemos que, como se suele decir, el sentido común es el menos común de los sentidos. 

11. Asume que habrá momentos malos. No te dejes engañar por el Síndrome de “Españoles por el Mundo”.

Cuando uno emigra lejos de su país, está solo (al menos al principio). Mucha gente cuenta sólo los buenos momentos y las experiencias positivas, y quizá esto sea porque tendemos a olvidar las malas experiencias y a eliminar de nuestras mentes cuanto antes los malos momentos. El Síndrome de Españoles por el Mundo ha calado fuerte y nos ha hecho pensar que emigrar es una fascinante aventura cuyo final siempre es el éxito asegurado, y esto no es así ni de lejos. Emigrar puede llegar a ser una experiencia vital muy positiva cuando se hace por razones de motivación personal, pero hay que ser consciente que a pesar de todos las fantásticas cosas que vas a vivir, habrá momentos realmente duros. No se puede obviar esto.

Emigrar no es fácil a pesar de que uno lleve cosas a su favor. Asume que pasarás por momentos difíciles. Los habrá, y mucho más habitualmente de lo que puedes imaginar. No es fácil vivir rodeado de incertidumbres y situaciones que no controlas, porque nos han enseñado desde bien pequeños que la búsqueda de la estabilidad es el objetivo de todo ser humano. Pero eso se acabó. Ahora tenemos que aprender a vivir con más incertidumbres de las que podemos asumir, y más vale que lo tengamos bien presente.

Kant dijo esta frase: “La inteligencia de un individuo se mide por la cantidad de incertidumbres que es capaz de soportar”. Pues eso es lo que te vas a encontrar cuando estés lejos de casa: Incertidumbres con las que tendrás que aprender a vivir si no quieres volverte loco. 

Vive la experiencia de la manera más productiva que puedas, pero no olvides que habrá momentos muy duros en los que no te puedes venir abajo y tenerlo presente de antemano es la mejor manera de sobrellevarlos.

12. Intenta rodearte siempre de buena gente.

En este punto no nos extenderemos porque está más claro que el agua. En la vida sólo hay una cosa verdaderamente importante: La buena gente. Cuando vives en otro país, tus amigos no son sólo tus amigos, sino también tu familia. No es tan fácil como uno piensa acabar rodeado de amistades que realmente merezcan la pena, pero os aseguro que hay que intentarlo a toda costa porque de conseguirlo o no depende en gran parte el éxito o el fracaso personal que uno acabe viviendo. Nosotros hemos tenido una suerte infinita en este sentido. No os imagináis cuánta.

13. Procura mantener el contacto con la gente que dejas atrás.

Hace años, emigrar a otro país suponía romper prácticamente todos los lazos con tu vida anterior para comenzar una nueva. Esto ha cambiado y tenemos herramientas para mantenernos conectados con la gente que queremos. Hoy en día, emigrar no supone “empezar una nueva vida” sino “ampliar los horizontes de la que tenemos”. No descuides jamás a la buena gente que dejas atrás y mantén un contacto habitual con ellos. No desaparezcas del mapa.

14. No te lleves más cosas de las necesarias.

Selecciona bien aquellas cosas que necesitas y aquellas de las que puedes prescindir y te darás cuenta que es posible vivir con mucho menos de lo que crees. No acumules ni cargues más peso del necesario. Vas a comenzar una experiencia que no sabes qué va a depararte y no estar atado a un pesado equipaje te permitirá moverte más rápido en caso de que la ocasión lo requiera. 

15. No tengas miedo. 

Reconocemos que este punto es imposible de llevar a cabo. Vencer nuestros miedos es una de las cosas más difíciles de conseguir. Lo único que podemos decir aquí es que, nos pongamos como nos pongamos, casi todas las cosas (por muy complicadas que parezcan) tienen solución en esta vida. El miedo es un lastre que nos paraliza y nos debilita. Y lo peor es que la mayoría de las veces, aunque no lo veamos, es infundado. Si nos resulta imposible deshacernos de él, al menos vamos a tratar de restarle importancia y relativizar las cosas. Vamos a aprender a jugar con las nuevas reglas y adaptarnos lo mejor que sepamos a todas las incertidumbres que nos echen encima. 


Epílogo

Sólo nos queda una cosa más por decir: Vamos a salir de esta. 

Estamos convencidos. Vamos a tirar para adelante porque estamos más que preparados para hacerlo. Vamos a demostrar a los que dirigen el mundo, a los que juegan a los dados con nuestros destinos y a los que se empeñan en acotar nuestras vidas, que somos capaces de todo y de más. Vamos a demostrar a los políticos, a los mercados, a las crisis, a las primas de riesgo, a los mandamases y a toda esta panda de indeseables que se encargan día tras día de hacer que seamos un poco menos libres, que no son capaces de vencernos. Vamos a demostrarles que nos han subestimado. 

Cada uno deberá decidir qué camino va a tomar. Si eres de los que has decidido que tu futuro está fuera, esperamos de corazón que alguno de los puntos anteriores pueda servirte de algo. Si por el contrario tu alternativa es otra, esperamos que compartas con nosotros tu experiencia para aprender de ella. 

Eso sí, seas quien seas y decidas lo que decidas nunca olvides lo más importante: Vamos a salir de esta.

7 comentarios :

Ana Asensio asensio dijo...

Muchas gracias por el artículo, de verdad. También somos muchos los estudiantes que estamos al final de la carrera, en el limbo entre el mundo laboral y el universitario, a los que nos ha venido como un zarpazo la subida de las tasas. Irse a trabajar fuera también es un paso que estamos dando los "no titulados" para poder terminar los estudios. Sin el colchón económico, sin los títulos que validar. Después de muchos años de esfuerzo somos miles los que estamos trabajando como camarero/a, relaciones públicas, cuidadores de niños...
Un abrazo muy fuerte desde Inglaterra.

multido | Julen Asua | Nieves Merayo dijo...

Muchas gracias por el comentario, Ana.

Es cierto que, con todo esto, los más perjudicados sois los que estáis finalizando ahora la carrera. Es increíble lo que nos comentas de tener que irse fuera "para acabar la carrera". No tenemos palabras.

Pero recuerda: "siempre para adelante". Por muy difícil que sea todo saldremos de esta. Tenemos que agudizar el ingenio y no dejar de adaptarnos a lo que venga. Es lo único que podemos hacer, ya que esta situación se escapa de nuestro control.

Mucho ánimo para todos los que estáis fuera y dentro de España, haciendo encaje de bolillos para seguir en la brecha.

Un abrazo muy fuerte y de nuevo muchas gracias por el comentario.

(Sigue informándonos)

Melción Zulueta Arquitectos SCP dijo...

Muchísimas gracias por vuestro comentario.Nosotros no emigramos. Somos de los pocos que quedan en primera la línea de fuego buscando nuevos frentes. Como vosotros, hemos decidido avanzar y avanzar hasta conseguir el sueño.

P.D: Si me haceis llegar una dirección postal os enviaré un detalle con todo mi afecto. Adolfo.

Marta Naranjo Fernandez dijo...

Buenos días!!!

Soy Marta, tengo 25 años y me licencié en julio. Después de un verano de desconexión total, empecé a buscar trabajo en el extranjero.

Hace unas semanas me puse en contacto con una reclutadora china, y a cambio de unos 600 euros me buscaba unas prácticas en China de 3 meses, y remuneradas con 500 euros cada mes.

Aun no me ha encontrado nada, pero tengo serias dudas de lo de ir a China. Tengo una amiga que estudia Chino en la universidad de Beihang en Peking, y me ha recomendado dos cosas:

1. que antes de ir a China, aprenda ingles!! (tengo el B1)
2. que en china se habla chino, y por lo tanto me va a hacer falta en un futuro (esto no me preocupa tanto)

No quiero tirar el dinero, ya que en España ya no te quieren ni para explotarte (y lo digo en serio, llevo buscando trabajo en Madrid 3 meses y estoy pendiente de hacer unas prácticas aquí durante 6 meses, sin remuneración por supuesto). Como podéis ver, a parte de faltarme perspectiva, no tengo nada claro lo que quiero. Lo peor de todo es que las decisiones que tomo (o no tomo) son basadas en el miedo a estrellarme, y no poder recuperarme económicamente en meses (siendo optimistas).

Siento el párrafo, pero agradecería enormemente que alguno de vosotros me aconsejara. Siendo del gremio y trabajando allí, sois los que me podéis dar una visión más nítida de la realidad.

Muchísimas gracias y un saludo a todos.

Peter dijo...

Genial artículo, aún pasando un año después, lleno de optimismo y en su justa medida.

A los que nos planteamos salir de España como opción nos resulta muy útil este tipo de información.

¡Enhorabuena!

Unknown dijo...

Un artículo estupendo, muchas gracias. Sobre todo en cuanto a la parte psicológica, tenéis toda la razón. El miedo al fracaso, el que no haya posibilidad de cometer un error, el machacarnos por cada equivocación cometida, el querer tenerlo siempre todo perfecto y a la primera nos convierten en una especie de mártires desagradecidos de las oportunidades, las opciones, la juventud y sobre todo la libertad que poseemos.

Terminé hace año y pico la carrera en Barcelona, he estado trabajando en dos estudios, en uno explotada y en el otro en malas condiciones y donde había poco que aprender. Dejé el trabajo y me he puesto con el inglés, para irme a trabajar fuera próximamente.

Al igual que todos, no sé por donde empezar, tengo miedo de tomar la decisión incorrecta, no quiero que me salga mal, que me quede llorando sola en una esquina.. Pero el hecho de haber entendido que hay que aprender a vivir con más incertidumbres de las que podemos soportar me va a ayudar, sin duda.

Gracias otra vez y que sigáis tan bien en Shangái.
Y a los demás que están como yo, que somos muchos, que la fuerza nos acompañe.

multido | Julen Asua | Nieves Merayo dijo...

Muchas gracias por tus palabras.

No temas cometer fallos. No te preocupes por tomar una decisión incorrecta. Estamos en el mejor momento para arriesgar y para probar. Además, tranquila... porque no existen las decisiones incorrectas. Ya lo verás.

Mucha suerte en tu nueva etapa que empieza ahora y mucha suerte también en todas las que vendrán después de esta.

Ánimo y al toro.