23 ago. 2013

Scalextric (1975-2013) | La breve historia del abrazo eterno


Existen en el mundo ciertos elementos que con el paso del tiempo se acaban convirtiendo en símbolos de un lugar. Sin pretenderlo. Casi sin querer. Como por arte de magia. Lo mejor de todo es que no fueron concebidos con ese objetivo y tampoco nadie se molestó en otorgarles ese honor. No fueron ideados para ser protagonistas de nada y jamás tuvieron intención alguna de ser algo más de lo que en realidad eran. Todo lo contrario: fueron desprestigiados, insultados, humillados, rechazados y ninguneados por las masas hasta límites inimaginables. Pero ellos aguantaron estoicamente las críticas y los desprecios durante el paso de los años sin emitir ni una sola queja, ni un sólo lamento. Y así, en silencio, poco a poco y sin que casi nadie a su alrededor se diera cuenta, consiguieron trascender y elevarse por encima de todo y de todos para convertirse por derecho propio en los verdaderos iconos de los lugares sobre los que se asentaron. Para llegar a ser los verdaderos protagonistas silenciosos de toda una ciudad y una época.

Y como dije al principio, este tipo de cosas no suceden habitualmente sino tan sólo en contadas ocasiones. Sin pretenderlo. Casi sin querer. Como por arte de magia.

Sin hacer demasiado ruido.

Desde que era un niño los ojos se me iluminaban al mirarlo. Sin ser muy consciente de ello, lo observaba con curiosidad y lo analizaba minuciosamente desde todos los ángulos posibles tratando de imaginar hacia dónde conducían cada una de sus innumerables bifurcaciones, intentando resolver el enigma de sus complejas lazadas, queriendo desenmarañar aquella estructura monstruosa compuesta por infinitos nodos y puentes que abrazaban la ciudad día tras día como si la estuvieran protegiendo, calmando o consolando.

Un dulce y tierno abrazo eterno de más de 15.000 metros cúbicos de hormigón y acero.

Recuerdo que por aquel entonces yo lo llamaba inocentemente "el lío de carreteras", pero me gustaba mucho más el nombre por el que lo conocían mis padres y prácticamente todos los ciudadanos de Bilbao: el scalextric.

¡Cómo no iba a emocionarme al contemplarlo si hasta el nombre con el que habían bautizado a semejante monstruo de hormigón tenía un atractivo enorme para un niño de 8 años!

El scalextric se ha mantenido en pie durante casi 40 años comunicando el corazón de Bilbao con la Autovía del Cantábrico (AP-8/A-8) y absorbiendo un flujo de entre 80.000 y 90.000 vehículos diarios. En abril de 1975 se inauguró la primera fase de este viaducto, proyectado como parte de la Solución Sur de Bilbao, para comunicar la capital vizcaína con la autopista desde la Avenida José Antonio, hoy en día llamada Sabino Arana. Constaba de un tramo de 7 kilómetros de vías y puentes entrelazados y tuvo el honor de ser la sección de autopista más cara construida hasta entonces en España. Costó cerca de 2.250 millones de pesetas.

Pero todo esto no son nada más que datos.

Hemos vivido (y seguimos viviendo) en una sociedad hambrienta de un consumo sin límites de todo tipo de iconos, símbolos, referentes y mitos. Esto ha sido así en todos los ámbitos: desde la arquitectura y la ciudad, hasta la música, el cine, la televisión o incluso la clase política. Desde el instante en que los individuos dejamos de ejercer nuestro papel como ciudadanos para convertirnos en meros consumidores, todo lo que nos rodeaba pasó a ser un mercado donde lo importante no era la calidad sino el engaño, la mentira y las tácticas de venta. Eso fue lo que demandamos también para nuestras ciudades y eso fue lo que obtuvimos: una gran exhibición de iconografías y adornos para el disfrute de un público necesitado de captar fotografías vistosas. Poco a poco dejamos de demandar proyectos y pasamos a demandar productos. Olvidamos la importancia de la emoción, la fuerza y la calidad para pasar a centrarnos únicamente en la apariencia, el decorado de cartón piedra y el espectáculo pirotécnico. Nos dejó de interesar el mensaje que había detrás del show para simplemente sentarnos cómodamente a disfrutar de la función recostados en una butaca, con un bol de palomitas en una mano y una Coca Cola tamaño familiar en la otra.

Simple y puro marketing social que ofertaba soluciones trendy respondiendo a una corriente prefijada con un periodo de validez y de influencia cada vez más y más corto. Productos caducos para sociedades que se cansan muy deprisa de todo y que valoran más el continente que el contenido. Y por supuesto, como no podía ser de otra manera, el hambre voraz y las ansias por una singularidad icónica mal entendida degeneraron en una colección de elementos y edificios presumiblemente singulares que con el paso de los años han homogeneizado el espacio urbano convirtiendo nuestras ciudades en Exposiciones Universales vacías de contenido y carentes de personalidad, donde nada atrae ni sorprende a pesar de que esa fuera su única intención en origen.

Somos la sociedad del trending topic y vivimos encerrados entre vistosas y coloridas fachadas que pasaron de moda mucho antes de ejecutarse.

Pero en algunas ocasiones, surge la magia y ocurren cosas que se salen de la norma.

La realidad es que el scalextric era la Puerta de Bilbao.

Sin necesidad de luminosos carteles de bienvenida, altos monolitos publicitarios o grandes y majestuosos arcos del triunfo, Bilbao contaba con una tarjeta de presentación más que impactante. La imagen que el visitante tenía de la ciudad a su llegada era brutal. Única. Porque por una vez en la vida lo importante no era tanto el qué sino el cómo. Por una vez, lo majestuoso no era el elemento construido ni los colores, las formas o los materiales utilizados, sino la propia experiencia de recorrer ese camino, percibir una metrópolis con otros ojos, sobrevolar el espacio urbano por uno de los brazos del gigante y atravesar las puertas invisibles de una ciudad para acabar dándola un mordisco desgarrador con todas nuestras fuerzas, directamente en su corazón.

En su Sagrado Corazón.

Lamentablemente, una vez más las ansias especulativas de unos pocos han ganado la batalla a la lógica, ya que la primera semana de agosto del año 2013 comenzó el operativo de demolición y desmantelamiento del scalextric, siguiendo instrucciones de la Diputación Foral de Bizkaia.

Y para qué voy a negarlo: a mí me da mucha pena.

Tres fueron fundamentalmente las razones por las que un grupo de ciudadanos enfurecidos (en concreto la comunidad de vecinos cuyas viviendas daban directamente al viaducto) iniciaron en 1992 una cruzada sin precedentes que ha llegado hasta nuestros días, para forzar el desmantelamiento del scalextric. Si me lo permiten, en las siguientes líneas voy a proceder yo también a desmantelar estos tres argumentos con tres sencillas respuestas:

1. La razón práctica: El tráfico

El vial actual no daba abasto para el flujo de vehículos de entrada y salida a Bilbao, por lo que se producían innumerables atascos diarios, convirtiendo el acceso por Sabino Arana en un punto rojo de difícil solución. Como ya dije anteriormente el actual viaducto era capaz de absorber (sólo en su enlace con la la plaza del Sagrado Corazón) un flujo de entre 80.000 y 90.000 vehículos diarios. Está previsto que el nuevo acceso por Basurto pueda absorber unos 35.000 o 40.000 vehículos diarios, con lo que el problema de los atascos en los accesos a Bilbao no sólo no queda solucionado sino que irá a peor. ¿Dónde está entonces la ventaja práctica de este cambio?

2. La razón psicológica: El ruido

Los vecinos que viven en la Avenida Sabino Arana, frente al scalextric, han convertido el problema del ruido (perdón, de la contaminación acústica) que tienen que soportar día y noche en sus viviendas, en el principal argumento para que se atiendan sus peticiones. Para ser sincero les diré que no van a contar con mi comprensión ya que no me creo ni una sola palabra. Con todos mis respetos para los vecinos, el ruido es una excusa que funciona muy bien de cara a la galería o como historia sensacionalista para contar al periodista de turno y ganarse así el apoyo del resto de los ciudadanos, pero no crean que van a engañarnos a todos con semejante argumento. Admitan la verdad, por favor. No hay más razón para su cruzada que la especulación pura y dura. Ustedes compraron las viviendas frente al scalextric cuando éste ya llevaba operativo unos cuantos años y seguro que incluso consiguieron rebajar un buen pico el precio de sus pisos poniendo como excusa precisamente lo cerca que tenían el principal acceso rodado a Bilbao de las ventanas de sus dormitorios. Eso sí, una vez conseguida la ganga, iniciaron una lucha sin precedentes para que el Ayuntamiento lo desmantelase cuanto antes, incrementando el precio de sus inmuebles en unos cuantos milloncejos para una futura venta. Si no querían ruidos en sus dormitorios, no logro comprender por qué decidieron adquirir una vivienda situada frente a una vía rodada tan importante y transitada como ésta. Miren, señores vecinos, les diré algo: no cuela. Ustedes serían capaces de dormir a cinco metros de la pista de aterrizaje de un aeropuerto internacional si haciéndolo alguien les garantizase por escrito que sus viviendas se verían revalorizadas al triple de su precio original de mercado. Así que no me vengan con ruidos, que a estas alturas de la película, suena a chiste. La avaricia del hombre no tiene límites, creo que hemos sido testigos directos de esto durante todos los años pasados. ¿Me equivoco?

3. La razón estética: La imagen

El scalextric es un monstruo de hormigón feo y antiestético que daña la imagen de la ciudad. Tengo que confesaros algo: Éste, queridos amigos, es mi 'argumento' preferido. "Es que es feo", dicen algunos. "Es antiestético", dicen otros. Bien. Pues entonces yo digo: "Las putas sandalias Crocs también lo son y muchos no os las quitáis ni para dormir, hijos de puta." Lo que quiero dar a entender con esto es que si aceptamos las valoraciones respecto a lo que los vecinos de Bilbao consideran bello o no, quizá nos metamos en terrenos peligrosos. Puestos a demoler lo que muchos (entre los que por supuesto no me incluyo) consideran feo o antiestético, quizá en los años 70 se debería haber desmantelado por completo la ciudad de Bilbao para proceder a reconstruirla utilizando como nuevo modelo de referencia la idílica y acogedora imagen de las urbanizaciones de adosados de Castro Urdiales o de Noja, un modelo que, sin duda alguna (y a juzgar por sus elecciones veraniegas y/o de segunda vivienda) es el nuevo canon de belleza arquitectónica de una gran parte de la ciudadanía vasca.

A mí el scalextric no es que me pareciera bello, es que me parecía (como ya he explicado antes) uno de los elementos más potentes e imponentes de Bilbao. Mucho más allá de su estética, su forma o su impacto visual, era capaz de generar una entrada a la ciudad sin precedentes. Un acceso brutal y único para una ciudad como "el botxo" encerrada entre montes y encajada en lo más profundo de un valle. Y además de todo esto, quizá también me pareciera bello debido a mi fascinación por algunos viaductos similares que conforman buena parte de la trama urbana de algunas megalópolis asiáticas como Singapur, Bangkok, Shanghai, Tokyo, Seoul, Kuala Lumpur o Hong Kong. Lógicamente no pretendo decir que sea el caso de Bilbao sea comparable a estos casos pero dentro de las diferentes escalas de cada urbe y salvando las distancias, me tomo la licencia de asemejar el tipo de situaciones urbanas que estos elementos provocan en las ciudades.

Me cansa el urbanismo buenrollista que convierte en lugares mediocres y sin personalidad todo lo que toca. Estoy harto de toda la colección de operaciones higiénicas y políticamente correctas que intentan convertir nuestras ciudades en urbanizaciones sin carisma. Me apena que no se sepa valorar el potencial de ciertas estructuras e infraestructuras urbanas capaces de lograr sin mucho esfuerzo que cada lugar sea diferente y único. Vamos a convertir el mundo en una repetición de las mismas tramas anodinas que no aportan nada. Vamos a acabar construyendo un país sin matices, sin elementos diferenciadores, sin nada que merezca la pena recordar.

Cada vez creo más en la diversidad urbana y en la locura, el brutalismo (controlado y puntual) y en las situaciones que hacen que una ciudad nos invite a girar en cada esquina para descubrir qué ocurre al otro lado. Me fascina la sorpresa y en muchas ocasiones también la ausencia de lógica, porque creo precisamente que es ahí donde ocurren cosas interesantes. Es justamente ahí, en ese punto exacto, donde se pueden comenzar a empujar los límites del espacio urbano.

Eliminar este viaducto me parece una decisión pésima. Bilbao pierde parte de su carácter, de su fuerza y de su belleza no apta para todos los gustos y a cambio gana un parquecito en una zona de dudosa utilidad. Pero no pasa nada amigos, porque todo el mundo está contento y eso es lo único importante: Los vecinos están contentos porque sus casas incrementarán su valor de mercado, los políticos están contentos porque han cumplido finalmente una vieja promesa electoral, las constructoras están contentas porque se llevarán su trozo del pastel y el pueblo está contento porque tendrá un nuevo sitio donde llevar a sus mascotas a hacer sus necesidades.

He leído en diferentes medios de comunicación que la demolición del scalextric se prolongará durante los próximos seis meses y costará mucho más de lo previsto. Parece que van a tener que emplear mucho más tiempo y dinero del que pensaban para lograr romper ese eterno y sensual abrazo en el que la ciudad y el viaducto llevaban fundidos desde hace casi 40 años.

Y es que hay amores y pasiones que son demasiado fuertes para la razón.

1 comentario :

. dijo...

Buenas Julen y Nieves.
Al no encontrar vuestro mail os escribimos por aquí.

Desde Urban Living Lab nos ponemos en contacto con vosotros porque hemos seguido desde hace tiempo vuestro blog y vuestra cuenta de twitter y encontramos muy interesantes vuestros posts y reflexiones desde Shanghai.

Urban Living Lab es un grupo abierto de divulgación y reflexión sobre el territorio, la ciudad y sus habitantes, que de forma transversal y sin estar cerrados a ningún ámbito de conocimiento quiere compartir y difundir conocimientos que consideramos interesantes. Es un grupo que ha nacido de diferentes contactos entre investigadores, docentes y profesionales que tienen la ciudad en su eje de sus reflexión y trabajo. Un grupo heterogéneo y abierto, que se encuentra en estos momentos en una fase embrionaria con la ambición de irse ampliando. En el post http://www.urbanlivinglab.net/por-que-un-urban-living-lab/ se intentó definir las bases fundacionales de Urban Living Lab.

Hemos leído este artículo "Scalextric (1975-2013) | La breve historia del abrazo eterno" y nos gustaría poderlo publicar en nuestra web www.urbanlivinglab.net y difundirlo, naturalmente siempre nombrando los sitios donde fue publicado anteriormente.

Con la esperanza que os interese la propuesta quedamos a la espera de vuestra respuesta en urbanlivinlab.net@gmail.com.

Cordiales saludos.

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