13 jun. 2014

Taxi Driver

Robert De Niro | Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976)

Durante las últimas 48 horas diversos amigos y compañeros me han realizado, en diferentes versiones y con distintas palabras, la siguiente pregunta: 
"Vamos a ver, si tú estabas en contra de la LSCP, ¿cómo puedes decirme que no estás de acuerdo con las reivindicaciones de los taxistas ni con el sobreproteccionismo del Estado hacia sus competencias? ¿No estabas demandando tú ese mismo proteccionismo hacia tu sector? ¿No es un poco incongruente tu postura?".

No tengo ningún problema en ser todo lo incongruente que me dé la gana en cada caso concreto, faltaría más, pero siento mucho deciros que este no es uno de ellos. Como bien ha apuntado Miguel Villegas en un debate sobre el mismo tema llevado a cabo en otro foro, el caso de los taxistas y el de los arquitectos "es igual, pero tremendamente distinto". Y no puedo estar más de acuerdo con esta frase.


En lo que respecta a la pregunta inmediatamente anterior, tengo que apuntar que yo jamás he demandado ningún proteccionismo de Papá-Estado hacia el sector de la arquitectura. Lo que muchos dijimos es, tal y como explicamos cristalinamente en su día, que si nadie en su sano juicio acudiría a un veterinario para someterse a una intervención a corazón abierto porque hay otros profesionales específicamente formados y preparados para llevar a cabo una operación de este tipo, lo mismo debería ocurrir con la arquitectura y los arquitectos. No es cuestión de si una profesión es mejor que otra, es cuestión de sentido común. Es tan simple que no necesita más explicación y me aburre soberanamente seguir dando vueltas sobre lo mismo.

Así que vamos al tema que nos ocupa: No. Realmente no estoy de acuerdo con lo que reclaman los taxistas de media Europa. No simpatizo con sus reivindicaciones ni con sus argumentos. Lo siento mucho, amigos taxistas, pero a pesar de que vuestra protesta me parece loable y os animo a continuar con las movilizaciones, tengo que decir abiertamente que no comparto vuestra postura.


Y no estoy de acuerdo por una sencillísima razón: porque vuestra profesión no se basa en méritos sino en privilegios. Una licencia de taxi es algo que se compra (a un precio altísimo ya que su número está limitado por el gobierno) con un valor de mercado que supera los 100.000 euros. Una vez adquirida podéis disfrutar de ese privilegio como os plazca: podéis alquilársela a otros e incluso podéis venderla recuperando el capital invertido, si un día encontráis otro trabajo y queréis dejar de ejercer esta profesión. Teniendo en cuenta que casi cualquier ciudadano que quiera puede obtener un permiso de conducir, es esa licencia y no otra cosa lo único que os diferencia de cualquier persona que quiera transportar a alguien en un vehículo privado con un precio establecido y aceptado de mutuo acuerdo por ambas partes. Vuestra licencia es un bien adquirido y, al igual que ocurre con los bienes inmuebles, su valor puede depreciarse en función de otros parámetros de mercado.


Y eso es precisamente lo que está ocurriendo. Que alguien ha encontrado una manera (legal, aunque probablemente todavía desregulada) de saltarse vuestro privilegio adquirido a base de talonario y ofrecer un servicio alternativo e igualmente competitivo.

El tema cambiaría bastante en un hipotético escenario en el cual la obtención de dicha licencia se lograse a base de méritos, formación y educación especializada. En ese caso, sólo obtendrían el permiso de conducción y la licencia de taxista aquellos que demostrasen que son los únicos profesionales capaces de llevar a cabo dicha tarea de manera óptima, segura y por supuesto, legal.


He aquí la gran diferencia: meritos contra privilegios. Los méritos son una garantía de excelencia y calidad. Los privilegios no son más que un derecho de pernada impuesto por un grupo de presión para atribuirse la exclusividad de un sector de mercado por los siglos de los siglos. Amén.


En nuestro caso personal podemos deciros que hasta hace unos días desconocíamos la existencia de Uber y BlablaCar. Y supongo que como nosotros mucha más gente ya que ambas se han convertido en las aplicaciones más descargadas de los últimos días en toda Europa. La publicidad que les habéis hecho es impagable y eso unido a que la opinión de vuestro gremio entre los ciudadanos no es precisamente muy buena (al igual que ocurre con arquitectos, notarios y otras muchas profesiones) creo que todo esto os va a perjudicar más de lo que os va a beneficiar.


Lo que sí que no estaría de más es que algunos de vosotros, amigos taxistas, que cada mañana escuchábais con admiración y atención las palabras del liberalista salvaje Federico Jiménez Losantos acusando a los mineros de ser un sector protegido por el Estado, os diérais cuenta de que ahora mismo los protegidos estáis siendo vosotros. Reflexionad un poco y la próxima vez que aplaudáis cual borregos a ciertos cretinos de la derecha más cavernaria, pensad que algún día toda esa palabrería reaccionaria podría volverse en vuestra contra, como si escupiésesis hacia el cielo un día día sin viento.


Hay veces que no viene mal que la realidad nos dé una buena bofetada con la mano abierta, a ver si despierta ese criterio propio que cierta gente tiene tan adormecido.

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