26 jul. 2014

Yo no soy Marca España

Cuando nos tuvieron allí, nos maltrataron. Nos utilizaron. Nos chulearon en el sentido proxenético de la palabra. Nos trataron como si fuésemos escoria. Cuando nos tuvieron allí, nos convirtieron en sus esclavos y en sus putas. Nos hicieron pedir disculpas por querer hacer uso de nuestros derechos más básicos. Nos denigraron. Nos humillaron. Fuimos forzosamente agregados a ese complejo mecanismo de extorsión que ellos mismos idearon y promovieron desde lo alto de sus púlpitos de oro. No nos dejaron ni siquiera la opción de elegir otro camino diferente porque ellos diseñaron el lugar que teníamos que ocupar.

Cuando nos tuvieron allí, robaron nuestras ilusiones y pisotearon nuestros sueños.


No escuché jamás a nadie hablar de nuestra acreditada formación, cualificación y eficacia, cuando nos tuvieron allí. No escuché jamás reconocer la preparación y la profesionalidad de toda una generación de arquitectos, cuando las cosas funcionaban según las reglas que ellos mismos redactaron. No escuché jamás una palabra de gratitud ni de reconocimiento que no fuera dirigida hacia ellos mismos o hacia sus colegas, cuando no nos quedaba más remedio que acatar, asentir y seguir adorando cual borregos a los dueños y señores del panorama laboral que nos había tocado vivir.


En abril de este año, Carlos Espinosa de los Monteros, Alto Comisionado de la Marca España, aseguró sin despeinarse que "hay una oleada de arquitectos españoles que han hecho de la necesidad una virtud y están trabajando en el extranjero, actuando como embajadores de España"

Esta misma semana, el decano del Colegio de Arquitectos de Madrid, José Antonio Granero, ha dicho que “los arquitectos españoles son valorados internacionalmente por su acreditada formación, capacidad, cualificación y eficacia. Son competitivos en calidad y coste, y son una gran aportación a la Marca España.


Es curioso cómo cambian las cosas.


Ahora que ya no nos tienen allí, para su uso y disfrute personal, somos "una gran aportación a la Marca España". Ahora que estamos lejos, somos "sus embajadores". Ahora que los que fuimos el sustento de sus estructuras corruptas nos hemos visto obligados a dejar de actuar como cimentación para su Tinglado, toca sacarse la foto de rigor con toda esa generación de exiliados, sonreír falsamente a la cámara y repartir apretones de manos entre aquellos valientes que decidieron emigrar. Ahora que estamos a miles de kilómetros de distancia, ellos siguen utilizándonos con el único objetivo de velar por sus propios intereses.


Ahora toca apropiarse una vez más del coraje de una marea de profesionales que han tenido que marcharse lejos de sus familias para subsistir. Toca coger la estela del buen hacer de todos aquellos arquitectos que trabajan en el extranjero, para utilizarla en beneficio propio de instituciones y empresarios, haciendo suyo el mérito de otros. Ahora toca esconder los trapos sucios y empezar una campaña política de lavado de imagen, para que de cara a la galería parezca que las cosas funcionan perfectamente bien.


Y todo ello, como no podía ser de otra manera, sin demostrar una mínima dosis de autocrítica.


Pues permítanme decirles que no vamos a consentir que roben de nuevo nuestras ilusiones. No vamos a consentir que vuelvan a pisotear nuestros sueños. 


No van a volver a hacernos daño. Nunca más.


Para empezar, aclaremos algo que me parece de vital importancia: Yo no soy embajador de nadie. Yo no soy Marca España. Yo no les represento ni ustedes me representan a mí. No trabajo para ustedes y espero no volver a hacerlo en lo que me queda de vida. Porque ustedes y nadie más que ustedes, con su desorbitada avaricia, su ilimitada ambición y su carencia absoluta de ética y profesionalidad, son el principal combustible que aviva el fuego sus propios infiernos.

Ustedes, políticos, representantes de Colegios e Instituciones, empresarios de medio pelo y comisionados de la Marca España, son la escoria de aquel país que tuvimos que dejar atrás. Ustedes son la verdadera Marca España que se exporta al exterior día tras día con sus gestos, sus hechos y sus acciones. 


Y jamás se saldrán con la suya porque ustedes son su peor enemigo.


Voy a explicarles algo sobre la Marca España que creo que van a comprender a la perfección: 

Somos miles. Decenas de miles. No estamos organizados pero no necesitamos estarlo. Estamos diseminados por los cuatro puntos cardinales del planeta y hemos perdido el miedo que antes nos mantenía sumidos en la inacción. Somos peligrosos y ustedes saben mejor que nadie por qué. Somos profesionales, estamos preparados, curtidos y tenemos capacidad de adaptación a contextos muy diferentes. Nos han dado tantas hostias que somos capaces de valorar y agradecer como es debido cuando alguien, sea en el país que sea, nos trata con respeto y no nos usa como un mero instrumento al que exprimir y debilitar, para luego desechar como si fuera basura. Somos muchos, de verdad. Más de los que pueden llegar a imaginar. Somos más valientes que ustedes y no tenemos demasiado que perder.


Muchos de los que estamos aquí o en cualquier otro país del mundo, tenemos ahora mejores condiciones laborales que las que tuvimos en todos los años que estuvimos trabajando en España. Algunos, por ejemplo, han encontrado en el extranjero un reconocimiento y un respeto que jamás obtuvieron allí. Otros han descubierto con sorpresa que existen cosas como las vacaciones pagadas, las pagas extras, los bonus o unos derechos mínimos en caso de despido improcedente. Incluso hay gente que ha comprobado cómo en una entrevista de trabajo hay un lugar para la negociación, sin que nadie (ni empresa ni candidato) se rasgue las vestiduras por hablar de salarios o de condiciones laborales. 

Resulta descorazonador que un arquitecto español con casi diez años de experiencia te cuente con resignación que ha tenido que venir a China, al país que goza de la reputación de ser el rey en explotación laboral, para poder disfrutar del primer contrato de trabajo en regla de toda su carrera profesional.


Créanme cuando les digo que nosotros somos sus antiembajadores. Somos lo peor que le podía pasar a esa Marca España que tanto parece preocuparles. 

Somos su peor pesadilla porque somos su peor propaganda. 


Trabajamos y convivimos día tras día junto a muchos otros profesionales de todos los lugares del mundo. Americanos, europeos, y asiáticos. Nuestros amigos y colegas son serbios, polacos, alemanes, ingleses, norteamericanos, franceses, holandeses, argentinos, colombianos, mexicanos, chinos, taiwaneses y coreanos. Y hablamos con ellos. Ellos nos cuentan cosas a nosotros y nosotros a ellos. Y entre otras muchas conversaciones, les contamos cómo funciona España. Hablamos de lo que echamos de menos, por supuesto, como la familia, los amigos, la forma de ser de la gente, el sol, el cielo azul, el mar, la comida o el ambiente nocturno. Pero también les hablamos de las cosas que no echamos de menos en absoluto. También les hablamos de ustedes. 


Hablamos de los políticos que tenemos. Hablamos de los salarios, de los falsos autónomos, de las condiciones laborales que sufríamos los arquitectos allí, de la casta empresarial mafiosa que explotaba a nuestro sector. Hablamos de cómo esa misma casta empresarial controlaba las escuelas de arquitectura formando mano de obra barata para sus estudios de reconocido prestigio. Hablamos de la corrupción, que lo impregna todo y a todos los niveles. Hablamos del desempleo. Hablamos de los recortes. Hablamos de los privilegios de unos pocos y de las miserias de otros muchos. Hablamos de como una colección de sinvergüenzas ha dejado en la estacada los sueños de toda una generación de jóvenes muy preparados. Hablamos de exilio. Hablamos de represión y les explicamos cómo funcionan realmente las cosas en España. En esa España que muchos de ellos no conocían. Y ellos, sean del país que sea, se quedan totalmente sorprendidos. Se quedan sin palabras.


Somos, como les decía, su peor propaganda.


Pero a ustedes todo eso les da igual porque no son capaces de ver más allá de sus narices, como han venido haciendo toda la vida, y con el pensamiento cortoplacista que les caracteriza, siguen creyendo que es magnífico para la imagen de España en el extranjero tener a una colección de cientos de miles de profesionales altamente cualificados, demostrando lo que realmente valen y contando a los cuatro vientos la verdad y nada más que la verdad sobre ustedes y los de su calaña.


Creen erróneamente que, reconociendo nuestro valor profesional ahora que ya no son ustedes los que nos pagan, vamos a ponernos de su lado. Creen que sacándose la foto junto a nosotros, tratándo de hacer suyo un logro que no les corresponde, vamos a apoyarles en el futuro y vamos a tenerles en consideración. Creen que edulcorando nuestros oídos con palabras bonitas van a comprarnos de nuevo y que en unos años nos tendrán otra vez junto a ustedes sirviendo como mano de obra barata, alimentando sus estructuras y sus bolsillos.


Pero lamento comunicarles que eso no va a ocurrir.


Seguiremos trabajando por el mundo y demostrando lo que valemos, pero nunca dejaremos de expandir a los cuatro vientos como actuaron en su día aquellos a los que ahora se les llena la boca hablando de la Marca España. No crean que vamos a allanarles el camino fuera de las fronteras patrias para que sigan aprovechándose de la coyuntura en su propio beneficio. No van a encontrar jamás en nosotros un aliado, porque hace tiempo que decidimos darles la espalda y denunciar su manera de hacer las cosas.


Lo han hecho todo mal, pero eso no es lo más grave. Lo grave es que han visto las consecuencias que han ocurrido como resultado de todos estos años de desvergüenza y no han aprendido absolutamente nada. 

Primero negaron que hubiese un éxodo profesional sin precedentes, cuando era más que evidente que la gente comenzaba a buscar fuera el trabajo que su país no le proporcionaba. Poco después, cuando ya les resultó totalmente imposible ocultar la dramática realidad, trataron de maquillar el hecho de que decenas de miles de jóvenes saliesen al extranjero, apelando a un supuesto espíritu aventurero. Y ahora, por último, han pasado a intentar vender como mérito propio el coraje y el valor de todos estos jóvenes exiliados, convirtiéndolos en embajadores a la fuerza de un país que no supo tratarles como se merecían.

No soy ningún experto en relaciones internacionales, pero creo que la imagen que un país proyecta al exterior no es sólo la que unos gestores apoltronados cómodamente en los sillones de sus instituciones cavernarias se empeñan en crear mediante caducos mecanismos de propaganda. Un país que se ha dedicado durante años a maltratar al talento para acabar expulsándolo lejos de sus fronteras, tardará muchos años en salir del agujero y lavar su imagen.


Así que hagan el favor de cambiar de estrategia. Hagan el favor de tratar de hacer las cosas bien por una vez en sus vidas. Hagan el favor de modificar el discurso y dejar a un lado la propaganda. Hagan el favor de dejar de utilizarnos para limpiar sus trapos sucios. Hagan el favor de hacer un poco de autocrítica. 


Y sobre todo, hagan el maldito favor de dejarnos en paz de una vez.

4 comentarios :

José Carlos dijo...

De lo mejor que he leído últimamente. A pesar de su extensión no he podido apartar la cabeza del ordenador. No sobra nada. Certero.

Carlos dijo...

Brutal, claro, conciso, certero... Sencillamente perfecto.
De nuevo la pluma daña más que la espada.
Desde Shenzhen me adhiero y suscribo al texto magníficamente redactado por nuestros compañeros.
Y en la mayor medida posible pienso darle toda la difusión que se merece, para que todo el mundo sepa lo que estamos haciendo, lo que hemos hecho, y lo que nos queda por delante.
Muchas gracias Julen y Nieves!

Germán Cintas dijo...

Carlos, aterrizo en Shenzhen en dos semanas y estoy buscando apoyo logístico. geciar@arquired.es

Mik dijo...

Se echa de menos una mínima autocrítica de aquellos que se dejaron denigrar y explotar.
Los que por aquí nos hemos quedado, ahora estamos pagando MUY CARO la actitud de muchos ¿compañeros y compañeras? que regalaron de su trabajo y no supieron, o no pudieron, defender lo que es de justicia: cobrar por trabajar y los derechos laborales.