22 may. 2015

Nail-Houses: los templos efímeros de la posmodernidad

'Up' | Walt Disney Pictures & Pixar Animation Studios | 2009
El 3 de abril de 2007 la casa de Wu Ping y su marido Yang Wu, situada en el corazón de Chongqing, fue finalmente demolida. La construcción había conseguido mantenerse en pie durante casi 3 años, mientras sus propietarios luchaban por obtener un paquete de compensación por parte de la Zhengshen Real Estate Company, la empresa encargada de organizar los desalojos para la futura construcción de un complejo de apartamentos de lujo en el solar.

Durante ese tiempo más de trescientos vecinos fueron expropiados e indemnizados. Pero Wu Ping y Yang Wu no creían que la compensación recibida fuera proporcional a la pérdida de su casa que, pese a ser una modesta construcción sin ningún valor arquitectónico, disfrutaba de una situación privilegiada en el centro de la ciudad de Chongqing. Y se negaron a moverse.


Se negaron a abandonar su casa.


Como mecanismo de presión para forzar el desalojo, la constructora tomó una tajante decisión de la que se arrepentiría poco después. Ellos eran el pez gordo que, como todo el mundo sabe, siempre acaba devorando al pequeño sin problemas. Un negocio de millones no se iba a paralizar debido a un contratiempo tan insignificante. Tarde o temprano la fuerza de la maquinaria pesada se impondría sin demasiado esfuerzo a la diminuta y vulnerable estructura de dos alturas y poco más de 220 metros cuadrados que les observaba desafiante, impidiéndoles acometer sus propósitos. El frágil edificio sucumbiría fácilmente a la supremacía de la autoridad y el poder.

Y de esa manera decidieron que la obra se iniciase con o sin el consentimiento de los propietarios de la pequeña casita. Para ello, los bulldozers comenzaron a derribar las 270 viviendas que rodeaban a la modesta edificación y excavaron a su alrededor un inmenso foso de 17 metros de diámetro y más de 6 metros de profundidad, dejando la casa completamente aislada en lo alto de un montículo de tierra en mitad de un solar en construcción. Rodeada de máquinas, escombros, barro y las cimentaciones del futuro complejo de viviendas que tenían planeado edificar en ese preciso lugar, la casita se alzaba como una ruina monumental clavada a una tierra de la que se negaba a ser arrancada. 


Subestimaron el poder de lo que a simple vista parecía un problema sin importancia.


Y ese fue el mayor error que pudieron cometer.



Estado de la vivienda de Wu Ping y Yang Wu | Chongqing | 2007
Las imágenes de la casa de Wu Ping y Yang Wu pronto traspasaron fronteras. El tema se extendió como la pólvora a través de diferentes medios de comunicación y redes sociales debido principalmente a la singular situación en que había quedado el edificio. El abuso de poder y la clara intimidación a la que estaban siendo sometidos sus propietarios comenzaron a generar una oleada de feroces críticas en contra de la constructora y las autoridades locales que actuaban como cómplices de aquel sinsentido. La casa se ganó popularmente el sobrenombre de 'nail-house' y sus propietarios fueron ensalzados como 'los héroes de la casa-clavo'. La censura actuó demasiado tarde y sus intentos de contener la indignación de los ciudadanos fueron en vano, con lo que finalmente la presión popular forzó a las autoridades y a la constructora a sentarse con los 'propietarios' para negociar y buscar un acuerdo que pusiese fin al conflicto.

Una vez más el pez grande acabó devorando al chico, pero la digestión fue mucho más complicada de lo esperado.

Este no fue el primer caso de nail-house en China ni por supuesto el último. Pero sí que fue uno de los que acapararon más atención mediática tanto a nivel nacional como internacional, entre otras razones por la grotesca situación urbana en que había quedado la casa dentro del solar. Y también debido a que el escándalo coincidió en el tiempo con el reconocimiento de la Propiedad Privada por parte de la Asamblea Nacional del Partido.


¿Fue este altercado la gota que colmo el vaso? ¿Supuso el empuje final para la aprobación de una ley que llevaba sobre la mesa más de 13 años? ¿Presionó la mediática nail-house de Chongqing a las altas esferas del Partido para acelerar una decisión que parecía, en principio, inevitable? ¿Fue la arquitectura el arma que amenazó a los gobernantes para impulsar de una vez por todas la regulación de la Propiedad Privada?


Nunca podremos saber a ciencia cierta las respuestas correctas a esas preguntas. La cuestión es que con 2.700 votos a favor, 37 abstenciones y 52 votos en contra, el 16 de marzo de 2007 China tuvo que aceptar y regular por primera vez en su historia ciertos derechos sobre la Propiedad Privada para evitar el descontento popular, contener las manifestaciones, silenciar las voces críticas y limpiar la mala imagen que estaban proyectando sus dirigentes en la resolución de este tipo de conflictos.


Tras esta fecha comenzaron a surgir nuevas nail-houses por todo el país, como clavos que se quedan trabados en una viga de madera y cuesta sudores extraerlos con la habilidad suficiente para no dañar la estructura. De esta manera se inició uno de los fenómenos sociales de protesta más eficaces y singulares de la historia de la República Popular China. Utilizando la arquitectura y el recién legislado Derecho de Propiedad como arma de presión, muchos habitantes de zonas rurales empezaron a atrincherarse en sus casas en un desafiante gesto de desobediencia civil, para exigir al Gobierno una compensación justa por la cesión de los terrenos que les habían arrebatado 'por el bien común' de la noche a la mañana.


Y dejaron para la historia situaciones urbanas tan surrealistas y curiosas como estas:


[A fin de no saturar el artículo con imágenes, estas han sido subidas previamente a Twitter y aquí colocaremos únicamente los enlaces de cada serie. Todos los casos van desde el año 2007 hasta nuestros días. Tenéis la colección completa sin cortes en este enlace]


+ Dos casos diferentes en Changsha (Hunan Province)

+ Guangzhou (Guangdong Province)
+ Una tumba en Taiyuan (Shanxi Province)
+ Qingdao (Shangdong Province) y Shanghai
+ Wenzhou (Zhejiang Province)
+ Taizhou (Zhejiang Province)
+ Xi'an (Shaanxi Province)
+ Dos casos en Shenzhen (Guangdong Province) y uno en Wuhan (Hubei Province)
+ Wuzhou (Jiangshu Province), Nanning (Guanxi Province) y Nanjing (Jiangsu Province)
+ Yichang (Hubei Province) y Zhangzhou (Fujian Province)
+ Beijing, Chongqing y una ciudad indeterminada de Jiangsu Province

+ Shanghai (Fotografías de Peter Bialobrzeski)
+ Otros casos que no hemos podido determinar su localización
+ Incluso existe un juego de ordenador que consiste en salvar a los propietarios


Hoy en día este fenómeno todavía constituye uno de los principales quebraderos de cabeza para el Gobierno cuando quiere acometer cualquier proyecto o infraestructura que demande la expropiación de terrenos situados en zonas rurales o en la periferia de las principales ciudades del país. Como ya detallamos en nuestro anterior artículo titulado 'Architainment', antes de dar el visto bueno a cualquier iniciativa promotora, ya sea ésta pública, privada o como suele ser más común, una mezcla de ambas, el Gobierno Local tiene que estudiar minuciosamente cómo va a llevar a cabo la expropiación de las tierras, a cuánta gente tiene que movilizar y a cuánto puede ascender el coste de esta operación. Por ello en muchas ocasiones los proyectos en sus fases iniciales no tienen voluntad de ser construidos, sino que actúan como meras estrategias de marketing urbano o estudios de mercado para tantear las intenciones de los developers, prever los resultados y calcular costes.


Esta fase puede alargarse en el tiempo mucho más de lo que podemos imaginar debido a las complicaciones que conlleva mantener relativamente contentos a los ciudadanos. Por muy desmesurado y arrollador que haya sido el desarrollo urbanístico en China durante los últimos 20 años, el Gobierno no puede permitirse el lujo de proyectar una mala imagen al pueblo y necesita buscar un equilibrio entre el necesario crecimiento, el desarrollo de proyectos e infraestructuras y la vida de las personas a las que afectan estas macro-operaciones. Esa es la única manera de mantener la confianza y la cohesión necesarias para que siga funcionando el modelo adoptado.


Ese es el verdadero reto de los gobernantes chinos.


Las dingzihu, como se conocen popularmente en China, son algo así como el fallo en Matrix. Son la forma que tiene el sistema de recordar a los poderosos que hay partes del mismo sobre las que no tienen un control absoluto. Constituyen uno de los ejemplos más claros en los que la arquitectura se utiliza como herramienta de presión política y su presencia en las calles confirma de alguna manera aquella frase pronunciada por Eduardo Galeano que aseguraba que 'mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, pueden cambiar el mundo'.


Y ahí están. Como una especie de aviso. Como clavos obstinados que no quieren ser arrancados de cuajo sin oponer resistencia.


Si uno camina por ciertas calles de Shanghai y busca entre los rincones, sin duda podrá encontrarlas. Si uno observa con detenimiento aquellos lugares donde se produce esa mezcla entre los nuevos centros comerciales o los lujosos compounds residenciales y los antiguos shikumens que formaban el Old Shanghai, todavía podrá descubrir alguna de estas ruinas habitadas.


Al principio resultará difícil distinguirlas porque les gusta camuflarse entre los escombros de las obras, pero os aseguro que están ahí.


Si nos fijamos bien quizá podamos llegar a intuir un viejo edredrón estampado, unas sábanas blancas y ropa interior desparejada colgando de un cable de alta tensión, secándose al sol. Quizá también veamos una vieja bicicleta oxidada con las ruedas dobladas y los radios casi rotos aparcada junto a la entrada. Quizá, mirando un poco más hacia arriba, divisemos un humo gris saliendo de algún conducto extractor que alguien acopló a la fachada de mala manera. O si dirigimos nuestra mirada a las ventanas, quizá incluso lleguemos a ver alguna tímida luz de neón saliendo del interior de una habitación con las paredes plagadas de desconchones, y un viejo rostro arrugado mirando con curiosidad y nostalgia la caótica escombrera que rodea lo que un día fue su barrio.


Y entonces uno se dará cuenta que está contemplando una de las nail-houses que tratan ya no de sobrevivir, pues son conscientes de que tienen los días contados, sino de alargar su agonía durante el tiempo necesario para ayudar a sus propietarios a conseguir el objetivo que se han propuesto.


Si uno presta atención, verá que se cuentan por centenares. Muy pocas salen en las noticias como ocurrió con el caso de Chongqing. Son como anónimos símbolos de resistencia contra el desarrollo y la especulación. Como tímidos iconos arquitectónicos que protestan de forma pasiva, plantando cara a las retroexcavadoras y desafiando al imparable monstruo del urbanismo asiático.


Como clavos incrustados en vigas de madera, que se aferran con todas sus fuerzas y se resisten a ser arrancados del tejido urbano del que formaron parte durante tantos años.


Como pequeños y escurridizos templos efímeros de la posmodernidad.

Este artículo pertenece a una serie de dos textos destinados a explicar ciertos aspectos de la evolución del Derecho de Propiedad en China. En el anterior tratamos de ofrecer una breve perspectiva histórica del derecho a la Propiedad Privada en la era comunista, desde la fundación de la República Popular China en 1949 hasta nuestros días. En este segundo y último texto de la serie, hablamos de las nail-houses, un fenómeno urbano que surgió tras la semi-regularización de la Propiedad Privada en 2007 y que utiliza la arquitectura como arma de presión popular para lograr mejorar las los paquetes de compensación ante expropiaciones estatales.

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