7 may. 2016

X y K

El suceso X tuvo lugar hace ahora exactamente un año aunque parece que hayan pasado más de tres. Es curioso cómo el tiempo psicológico se dilata y se contrae en función de las situaciones que estemos atravesando en cada momento. En un instante tu vida es de una manera y al segundo siguiente todo ha cambiado. Ni siquiera lo ves venir. Es un destello. Un momento fugaz. Un fotograma. Simplemente ocurre, sin más.

Y ocurrió.

El impacto fue en el lado derecho de mi moto. Fue un golpe rápido, sordo y seco. No hubo un gran estruendo ni una caída demasiado aparatosa. Tan sólo un frenazo. Un grito ahogado. Ese característico sabor metálico en la boca. Y dolor. Mucho dolor. Más dolor del que jamás hubiese podido imaginar en toda mi vida. Todavía me sobresalto cuando llegan a mi mente recuerdos de aquel instante. Todavía me despierto por las noches con ese fatídico momento que no se me borra de la puta cabeza.  

++ SUCESOS Y CONSTANTES

Hace un año, el conductor de un todoterreno decidió no mirar correctamente a ambos lados antes de realizar una incorporación a una vía rodada sobre la que no tenía preferencia y me llevó literalmente por delante destrozándome la pierna izquierda. En realidad fue mi propia moto la que me provocó la triple fractura al girar bruscamente sobre sí misma tras el impacto. Fue una avería complicada. Doble rotura de tibia con desplazamiento y simple de peroné. No llegó a ser una fractura expuesta por muy poco. Finalmente la piel aguantó y el hueso permaneció dentro de la pierna. Fue necesaria una operación quirúrgica de seis largas horas para arreglar el desaguisado. Y tras esas seis largas horas, llegaron seis largos días hospitalizado, intentando paliar los dolores con morfina en vena y oxicodona por vía oral. Y tras esos seis largos días, llegaron meses de intenso trabajo de rehabilitación, gimnasio, fisioterapia, acupuntura y electroterapia.

Meses en los que me tocaba aprender a andar por segunda vez en mi vida. 

El suceso X tuvo lugar hace ahora exactamente un año y aún me queda por delante tiempo y perseverancia para recuperarme por completo. Y al final de este duro camino, probablemente tendré que volver a entrar al quirófano para que extraigan los clavos, tornillos y placas de titanio que hasta hoy han hecho las veces de sistema estructural que me mantiene erguido.

Ahora mismo soy un cyborg con la misión de continuar avanzando hacia un destino que parece estar siempre a la misma distancia. Pasan los meses y sigo caminando sin parar, pero la meta nunca parece acercarse. Como si no hubiese ningún progreso. Y sí que lo hay, pero es lento. Lo más importante es seguir hacia adelante. Continuar recuperándome y volver a ser la persona que era antes de aquel fatídico día. Esa es la única manera de proceder.

Para eso he sido programado y no pararé hasta ver cumplido mi objetivo. 

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El suceso K no es sólo un incidente puntual, sino una constante. Probablemente comenzó como algo anecdótico. Una de esas pautas que se repiten de forma mecánica sin que nadie repare en ellas. Un acto reflejo, casi involuntario. Pero poco a poco se fue estableciendo hasta convertirse en un hecho cotidiano y reiterativo. Una constante difícil de asimilar y que, pese a su aparente inocencia inicial, puede llegar a convertirse en una auténtica bomba de relojería de consecuencias nefastas e irreversibles. 

La constante K sucede más o menos de esta manera:

 ¿Un Seguro Médico? Yo en España soy de [ponga aquí su seguro médico privado favorito] y mi póliza me cubre en [ponga aquí el país extranjero que prefiera] sin problema alguno. Así que, ¿para qué voy a intentar negociar que mi empresa incluya en mi contrato un seguro médico internacional?

 Muy sencillo. Porque de vez cuando deberías mirar más allá de tus propias narices. Porque lo que piensas que hoy no va contigo ni te afecta, mañana puede hacer que te eches las manos a la cabeza por haber sido tan corto de miras. Porque si la gran mayoría de los individuos de un colectivo comienzan a renunciar a un derecho amparándose en que no lo necesitan, con el paso del tiempo conseguirán que éste se convierta en un privilegio al que muy pocos pueden acceder. 

Parece obvio, ¿no es cierto?. Pues a tenor de los resultados, parece ser que no.

Llevo 5 años manteniendo esta conversación con arquitectos españoles recién llegados a Shanghai y su respuesta final siempre ha sido, salvo honrosas y heroicas excepciones, la misma: ‘Estoy de acuerdo con lo que dices pero [ponga aquí su colección de excusas favoritas para justificar la rotunda negativa a negociar un seguro médico internacional en su contrato laboral]'

Sin duda alguna somos una especie muy curiosa y digna de estudio. Somos involutivos, egoístas y terriblemente torpes a la hora de prever las consecuencias directas de nuestros actos. Ah, y nos encanta jugar con piedras. Por un lado podemos tirarnos una vida entera lanzando piedras contra nuestro propio tejado. Contra nuestra propia familia, contra nuestros compañeros y amigos. Contra nosotros mismos. Y lo hacemos gustosamente, con esa estúpida sonrisa perpetua en nuestro rostro. Como quien está convencido de estar llevando a cabo una acción positiva y productiva. Por otro lado somos capaces de tropezar no dos, ni tres, ni cincuenta, sino un millón de veces con la misma piedra y continuar asegurando sin despeinarnos que la culpa es de la piedra, que quiere vernos morder el polvo.

Pero antes de continuar hablando de sucesos, de constantes y de piedras conspiranoicas, retrocedamos un poco para ganar perspectiva y poder comprender mejor la ‘big picture' de esta situación que estamos intentando describir.

++ EXPATRIADOS Y EMIGRANTES

Hay fundamentalmente dos tipos de personas que trabajan en un país diferente al suyo: el expatriado y el emigrante. El primero es un profesional que ha sido desplazado por su empresa de manera permanente o temporal a otro destino con una serie de condiciones pactadas previamente y aceptadas de manera contractual. Se podría decir que, por norma general, un expatriado dispone de un paquete de compensaciones que le aseguran una determinada calidad de vida en el país destino. Véase: dietas, alquiler del piso, transporte , desplazamiento de familiares directos, cobertura sanitaria internacional con estándares similares a los del país de procedencia, educación (en caso de tener hijos en edad escolar), vuelos al país de origen y otras contrapartidas. El nivel y la cuantía de estos beneficios depende de cada caso concreto, pero generalmente las empresas serias suelen ofrecer servicios proporcionales a la relevancia del puesto que va a desempeñar cada candidato.

El emigrante, por el contrario, es un profesional con mayor o menor cualificación que decide irse a otro país a buscar trabajo por su cuenta y riesgo. No dispone de ningún tipo de cobertura ni está ligado a una entidad que le asegure ciertos mínimos. El emigrante está sólo. Asume riesgos con cada decisión y es su responsabilidad calcularlos, establecer límites y negociar lo mejor posible todos y cada uno de los términos contractuales con las empresas a las que aplique en el país en que decida asentarse.

Un emigrante no tiene unas condiciones garantizadas sino que debe establecerlas de motu propio y evaluar dónde no puede ceder. Es cierto que sí dispone de una serie de beneficios adquiridos indirectamente gracias al esfuerzo de otros que llegaron antes que él y pelearon por fijar unas bases de partida, pero ninguno de ellos está asegurado por contrato, como en el caso del expat. Por tanto, el deber moral del emigrante es aportar su granito de arena para mantener a toda costa dichos derechos, pues es lo único que tiene a su favor en el nuevo mercado laboral al que se enfrenta. 

Y lamento mucho comunicaros que el 99% de los arquitectos somos emigrantes.

Si el emigrante no asume con responsabilidad y determinación este cometido, no sólo está poniéndose a sí mismo en una posición de máximo riesgo sino que también está tirando por la borda la labor de otros cientos de miles de profesionales como él que se encuentran, se han encontrado o se encontrarán en su misma situación. No tener en cuenta este punto o no tomarse en serio algo tan importante como esto cuando uno va a emprender una migración laboral es de una irresponsabilidad y una falta de ética que rozan lo criminal.

Lo que ha ocurrido en Shanghai durante los pasados años ha sido que la constante K comenzó a aplicarse anecdóticamente para acabar convirtiéndose en el modus operandi establecido por la mayoría. En un tiempo récord los arquitectos hemos conseguido transformar ciertos 'derechos adquiridos' en ‘privilegios inalcanzables', sin apenas ser conscientes de ello. 

La consolidación de la constante K derivó en una consecuencia lógica e inmediata. El mercado se autorregula y ninguna empresa en su sano juicio iba a ofrecer algo que apenas unos pocos demandaban. 

Un ejemplo práctico: Hace diez años, cuando un arquitecto cerraba un contrato en Shanghai, se daba por hecho que la empresa iba a correr con todos los gastos de tramitación de visado. Esto, además de los costes propios del papeleo para la obtención del permiso de trabajo, incluía también el vuelo y el hotel para la obligatoria visita al bureau de Hong Kong que todos tenemos que realizar para gestionar nuestra primera visa tipo Z en mainland. No me preguntéis por qué, pero en algún momento los candidatos dejaron de dar por sentado que ese desplazamiento fuera asumido por la empresa contratante. Como consecuencia, desde hace unos cinco años es casi imposible encontrar una sola oferta que incluya el pago de esta parte de la tramitación. 

Así, las empresas actualmente suelen cubrir los gastos directos para la gestión del visado que ascienden a unos 900 RMB (unos 126EUR), pero es el candidato el que deberá pagar de su bolsillo los gastos indirectos como son el vuelo a Hong Kong (unos 280-300EUR de media), un hotel en esta ciudad por dos noches (unos 120EUR la noche de media, a no ser que uno quiera dormir en el fucking averno) y los 500RMB (unos 70EUR) correspondientes al chequeo médico obligatorio para la tramitación. 

Recapitulando: frente a los 126EUR que paga la empresa por la gestión de la visa tipo Z, el candidato estaría asumiendo un coste de casi 600EUR. A esto habría que sumar que casi todas las empresas descuentan del salario mensual los dos o tres días laborables que el candidato tiene que pasar en HK para la gestionar su visado. Es decir, que esos dos días de ausencia por el viaje a HK no se cobran.

Hicimos un negocio redondo, ¿verdad? 

Pues esto es exactamente lo mismo que ha acabado ocurriendo con el Seguro Médico Internacional. Lo que hace 5 años era un derecho que, salvo excepciones, todo el mundo obtenía sin demasiada dificultad, ahora es un privilegio al que muy pocos pueden acceder.

Todos hemos perdido por la proliferación de ciertos comportamientos y ahora es demasiado tarde para intentar recuperar lo que tanto costó ganar. Cometimos un grave error, pero el verdadero drama ha sido no darse cuenta a tiempo de las equivocaciones puntuales y convertirlas en comportamientos reincidentes. Los arquitectos nos hemos caracterizado a lo largo de la historia por ser un colectivo movido por fuertes individualismos. Un gremio compuesto por profesionales acostumbrados desde bien iniciada la carrera a exhibir comportamientos competitivos en lugar de colaborativos, y motivados siempre por una falta de perspectiva de futuro que hace que seamos capaces de vendernos a cualquier precio sin escrúpulos.

Y lo peor de todo es que, en vez de reconocer nuestros fallos para intentar no volverlos a cometer, siempre hemos encontrado las excusas necesarias para justificar esos absurdos comportamientos e irnos a dormir a pierna suelta sin ningún tipo de arrepentimiento.

La culpa, una vez más, es de esa maldita piedra que se empeña en colocarse a traición en nuestro camino para hacernos tropezar y caer. 

++ X y K

Instantes después del suceso X apareció la policía. Yo estaba tirado en el suelo con la pierna rota por tres sitios balbuceando palabras incomprensibles. A escasos metros, un grupo de personas grababan la escena con sus smartphones como si todo aquello fuera una especie de performance. Yo no entendía nada. No sabía qué había sucedido ni de dónde venía aquel dolor insoportable que iba en aumento según pasaban los minutos. Era verano y llevaba puesto un pantalón corto, así que cada vez que levantaba la cabeza veía mi pierna doblada de una manera que no puedo ni describir con palabras. Comencé a escuchar más sirenas y poco después me metieron en una ambulancia. Y yo miraba a mi alrededor y seguía sin comprender nada.

Me trasladaron a un hospital internacional privado porque necesitaba poder comunicarme en inglés con los médicos que iban a atenderme. Tenía una fractura muy complicada y era crucial poder transmitir al equipo médico lo qué me había ocurrido y comprender perfectamente sus explicaciones sobre lo que iban a hacerme para tratar de arreglarlo. Pero la aseguradora del hombre que me atropelló, en un alarde de solidaridad sin precedentes, dijo que el hospital al que me habían llevado era muy caro y que su póliza no lo cubría. Era mentira, pero eso en aquel momento poco importaba. La cuestión es que no se iban a hacer cargo de los costes en aquel preciso momento.

Nadie movió un dedo en el box de urgencias hasta que comprobaron que mi seguro médico estaba al día y la póliza cubría el coste general de la intervención. Ni me pusieron una vía con morfina para aliviar el terrible dolor, ni contactaron con traumatología para que enviasen a un experto que valorase la gravedad de la fractura. Sólo cuando mi aseguradora les dio luz verde se activó el protocolo y comenzaron a tratarme.

Yo no tuve la culpa de que un conductor cometiese un error que pudo haberme costado la vida y acabó costándome la pierna. Pero los hospitales en China no actúan como juzgados y cuando reciben un paciente que ha sufrido un accidente no entran a valorar quién es el culpable. Ellos están ahí para salvar vidas... 

Ahora bien: primero tienes que pasar por caja. 

Uno no valora la importancia de disponer de unos derechos hasta que tiene que hacer uso de ellos. O en otras palabras: uno no es consciente del gravísimo error que cometió al aplicar la constante K, hasta que le ocurre un suceso X. Un seguro médico no es más que un negocio multimillonario basado en una premisa muy simple: ‘páganos con la esperanza de que jamás tengas que utilizar nuestros servicios’. Nadie quiere estar hospitalizado, ni tener un accidente, ni sufrir una intervención quirúrgica de urgencia, porque eso significa que estás bien jodido. Ahora bien, si alguna vez resulta que acabas estando bien jodido en un país como China, créeme: vas a necesitar un buen seguro médico.

En mi caso puedo considerarme afortunado porque en su día sí que tuve la oportunidad de negociar un buen seguro con mi empresa. Nunca contemplé la posibilidad de sufrir un suceso X. Nadie cree que le pueda pasar algo así. Yo simplemente lo hice por sentido común. Porque quería cubrirme las espaldas. Por hacer caso a aquellos veteranos que conocían el mercado laboral y me lo aconsejaron. 

Por lógica. Por si acaso.

Decíamos al comenzar el artículo que cuando se juntan en la ecuación el suceso X y la constante K, activamos una peligrosa bomba de relojería con consecuencias nefastas e irreversibles. Pero a algunos eso les importa bien poco y seguirán actuando sin ningún tipo de previsión a medio plazo, porque su filosofía es la del ’sálvese quien pueda’ y no saben ni quieren mirar más allá de sus propias narices.

'Yo en España soy de [ponga aquí su seguro médico privado favorito] y mi póliza me cubre en [ponga aquí el país extranjero que prefiera] sin problema alguno. Así que, ¿para qué voy a intentar negociar que mi empresa incluya en mi contrato un seguro médico internacional?'

Difícilmente vamos a lograr avanzar con respuestas tan cínicas e insultantes como esta. Difícilmente vamos a conseguir elevar la arquitectura a la categoría de excelencia que merece, si no comenzamos por respetarnos primeramente a nosotros mismos y a nuestros compañeros. Si amamos nuestra profesión y queremos seguir ejerciéndola con dignidad y honestidad, deberíamos haber aprendido a estas alturas a tener un poco más de perspectiva de futuro, decencia y sentido del derecho y del deber. Estemos en el país que estemos.

Dejemos de apedrearnos entre nosotros y aprendamos a defender juntos una profesión que necesita volver a adquirir la dignidad que perdió hace tiempo. Dejemos de una vez de echar la culpa a las piedras del camino y comencemos por asumir y aceptar nuestros propios errores. 

Dejemos de estar tan preocupados por ser 'más competitivos' y empecemos a estarlo por ser 'más competentes'.

Nunca es tarde para empezar a hacer las cosas bien. 

Quizá no sea el camino más fácil, pero no hay duda de que es el camino correcto.

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